- Marcie Kinkead
- 21 may
- 2 min de lectura
@elainekinkead. author
Queridos amigos,
Escribo para celebrar el 22 de abril, Día de la Tierra.
La tierra nos ancla a todos. Ahí es donde todo comienza. El suelo, el agua y el aire
de la Tierra son puros, intencionales y nos nutren profundamente a cada uno de
nosotros. Todo lo que la tierra nos proporciona es el resultado de un ritmo
saludable.
Oda a la Tierra
Agua. Corre libremente. A veces en paz; a veces, llevándose consigo
todo lo que encuentra en el camino. Sin ofrecer excusas; solo escuchando su
propio estado mental.
A lo largo de su existencia, la tierra ha sabido que la integridad no contine vacío.
Es consciente de que el agua carece de sabiduría; fluye o se desborda de forma
imprudente; mientras el aire es paciente y espera ser llamado a convertirse en
tormenta.
La Tierra sabe que el agua y el aire esculpirán su superficie, y sabe distinguir
entre la quietud y la rabia...
Siente dolor cuando el agua rompe su superficie; y sabe que el viento la eriza.
Sin embargo, un río desbordado acabará volviendo a su curso, y el viento se
convertirá en la brisa que supervisará la transformación de lo que fue a lo que es.
A lo largo de los siglos, la tierra ha germinado generosamente en su vientre,
cultivando para sostener la vida de la mano que la alimentó. Siendo justos, la
tierra también erradica de su alma a quien la atormenta...
Una vez que el ciclo termina,
La tierra, el aire y el agua encontrarán consuelo el uno en el otro.
El aire seguirá siendo gentil, hasta que se le llame a convertirse en tormenta...
Mientras los ríos fluyen silenciosamente hacia el mar bajo clamores de perdón,
La tierra sigue agradeciendo al hombre cuando le permite descansar cada siete
años.
Hasta pronto,